¿Se salvarán los fetos abortados y los niños muertos a corta edad?
INTRODUCCION
“Vi
un reel en Instagram del pastor Miguel Núñez, editado con el siguiente texto:
‘Si tu bebé muere, no es salvo si no fue elegido’. El pastor Núñez, a quien
admiro y respeto por sus convicciones y por su constante llamado a vivir con
integridad, sabiduría y en la santidad que corresponde a la Iglesia, expresaba
en este reel su postura al respecto desde la doctrina calvinista. A
continuación, presento su argumento.”
"Esto es una pregunta sensible y es una pregunta sumamente difícil de responder. La realidad es que la mayoría de los teólogos entienden que los niños que son abortados, o el niño que muere a una edad muy joven, van al cielo porque murieron antes de alcanzar la edad de responsabilidad personal. Yo no tengo esa opinión. Respeto la opinión de algunos de esos teólogos a quienes admiro, pero yo creo que la Palabra es clara para mí en Efesios 1: que la elección de una persona a salvación ocurre desde antes de la fundación del mundo. Y si ocurre desde antes de la fundación del mundo, la salvación o no de esa persona no tiene nada que ver con la edad a la que esa persona muere, sino que Dios, soberanamente y por razones que nosotros no hemos conocido en una eternidad anterior, pero con conocimiento de toda la historia del hombre, ha hecho una elección para salvación de esa persona no importa si muere a la edad de 5 años o si muere a la edad de 40 años. Y esa es la razón por la que yo creo que, en realidad, solamente Dios conoce cuál es el destino final de esos niños que han muerto de esa manera."
Como indicamos anteriormente, los argumentos expuestos por el pastor Núñez sobre este tema —aunque él los sustenta en la Biblia— se basan en la postura calvinista. Ahora bien, si observamos la enseñanza universal de la Biblia, ¿qué nos dice al respecto? A continuación, presentaremos los siguientes puntos sobre el asunto, con el fin de buscar una respuesta integral.
Desde el principio, Dios valora la vida. Encontramos en el huerto de Edén el árbol de la vida (Génesis 2:10), y se presenta la muerte como un castigo (v. 17). Vemos además que Jesús se define en múltiples ocasiones como la vida misma (Juan 10:10, 11:25, 14:6).
Desde
el punto de vista de la concepción:
David
dice en el Salmo 22:10: “Desde el vientre de mi madre tú eres mi
Dios…” y en el Salmo
139:16: “Mi embrión vieron tus ojos…”.
Dios
le dice a Jeremías en 1:5: “Antes que te formase en el vientre, te
conocí…”.
Desde
el punto de vista de la eternidad:
Jesús
afirma en Mateo 22:31–32: “Pero respecto a la resurrección de los
muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: ‘Yo soy el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’? Dios no es Dios de
muertos, sino de vivos.”
Tal como acabamos de ver, no es solo que Dios valora la vida: Dios es la Vida. Él valora nuestra vida, tanto física como espiritual, mucho más que nosotros mismos; esto se debe a su naturaleza de amor y a que es el autor de toda vida.
Podrían argumentar quienes siguen la postura calvinista: “Pero en esos versículos que presentas hay elección”. ¡Claro que hay elección! Pero se refiere a sus propósitos ministeriales: a quienes llama, también los justifica y los glorifica. No debemos ser dogmáticos hasta el extremo de aplicar ese mismo criterio a cualquier persona, si se me permite decirlo así.
En conclusión, sobre la base de estos pasajes bíblicos: ¿condenaría Dios a un ser en gestación simplemente por no estar entre sus elegidos? La respuesta a esta pregunta la encontraremos en el tercer punto.
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Sodoma y Gomorra
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Hititas (o heteos)
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Gergeseos (o guirgasitas)
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Amorreos
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Cananeos
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Ferezeos (o perizitas)
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Heveos (o hivitas)
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Jebuseos
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Amalecitas
Dentro de estas acciones —que desde la perspectiva humana resultan extremas—, es evidente que también había niños. Entonces surge la pregunta: ¿cómo es posible que Dios no se compadeciera de ellos, siendo un niño inocente?
En primer lugar, la justicia de Dios supera el entendimiento humano; se trataba de un acto de justicia por la perversidad extrema a la que habían llegado esos pueblos. En segundo lugar, esa medida tenía como fin eliminar sus costumbres y prácticas, que iban en contra de la moral divina.
Ahora bien: ¿podemos aplicar este criterio de forma general? Desde luego que no. Dentro de su soberanía, Dios actuó así en casos muy específicos. Él no juzga a un ser en gestación ni a un niño por los pecados de sus padres. En Ezequiel 18:19–20 leemos claramente:
19 Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. 20 El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.
Resumiendo estos versículos: cada persona es responsable de sus propios actos y pecados.
En conclusión: ¿Atribuiría Dios a un ser en gestación o a un niño los pecados de sus padres para condenarlo? La respuesta a esta pregunta la encontraremos en el tercer punto.
Creo que no hace falta extendernos más al respecto, pero haremos los siguientes señalamientos:
a)
Jesús valora la niñez.
b)
La palabra “tales” funciona como demostrativo y adjetivo; significa “de esta
clase” o “semejantes a estos”. Esto indica que el propio Jesús afirmó que el
Reino de Dios es semejante a los niños.
c)
Si queremos recibir el Reino de Dios, debemos ser como un niño.
d)
Jesús no rechazó, no condenó ni criticó a los niños, ni utilizó argumentos
doctrinales o teológicos para definir su condición; simplemente los bendecía.
Como decimos en la República Dominicana: “más claro de ahí, no canta un gallo”. Ahora bien, ¿cuál es la característica principal de los niños? Su inocencia, y esto nos remite al estado del ser humano en el huerto de Edén antes de la caída. ¿Hasta qué edad conserva el niño esta inocencia? La Biblia no lo especifica; solo Dios lo sabe.
Tal vez sea este el pasaje bíblico más conocido. Encierra una gran profundidad teológica, y lo usaremos para analizarlo en relación con nuestro tema. Según las palabras de Jesús: ¿qué es lo que condena?
En conclusión: ¿Qué pecado puede cometer un ser en gestación o un niño? ¿Qué capacidad de discernimiento poseen para elegir entre el bien y el mal? ¿Condenaría Dios a alguien en estas circunstancias?
Uno de los grandes atributos de Dios es su justicia. Él indica en Números 14:18: «aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable». Reversemos este texto para realizar una exégesis más completa: «aunque de ningún modo tendrá por culpable al inocente». Basándonos en el atributo de la justicia de Dios, podemos plantearnos la siguiente pregunta: si aplicamos la justicia divina a una vida en gestación o a un niño de corta edad, ¿de qué pecado, transgresión o desobediencia se le podría juzgar?
Es
cierto que el pastor Núñez, en sus declaraciones, no emite juicios
condenatorios ni de salvación; esa facultad la deja en las manos de Dios. Sin
embargo, lo que acabamos de comprobar en la Biblia es claro y específico
respecto al destino final de estas criaturas.
Definición palabra “tales”
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