¿COMO ESTAMOS ADORANDO?

Uno de los pilares de la relación con Dios es la adoración. La adoración es el ingrediente principal en todas las formas en que nos relacionamos con Dios. Está presente en la oración, en los servicios de las congregaciones por medio de los cánticos y alabanzas, y en cualquier otro acto personal de cada creyente. Es decir, la adoración debe estar presente prácticamente en todo lo que hagamos.

Para desarrollar este tema, vamos a recorrer seccionalmente la Biblia e ilustrar cómo la adoración se ha manifestado —por las exigencias de Dios— en su pueblo.

 Abel, un adorador de corazón

En alguna ocasión, cuando hemos tenido una diferencia con otra persona, le hemos dicho: «Siento que no me estás hablando de corazón». Por la forma en que esa persona nos está hablando, sus gestos corporales, su mirada y otras acciones más, sentimos que no hay sinceridad, ni arrepentimiento, ni un interés real en una sana relación. Simplemente está interesada en mostrar un arrepentimiento superficial para quedar bien ante la persona afectada. Por esa razón, su propia actitud la delata.

En Génesis 4 encontramos la historia de Caín y Abel. Los dos llevaron una ofrenda a Dios, y la ofrenda de cada uno delató la actitud de cada quien. Todos sabemos que la de Caín fue rechazada y la de Abel aceptada. ¿Pero qué había en la ofrenda de Abel que fue exaltada por Dios? Han surgido muchas interpretaciones sobre esta historia, pero en esta ocasión voy a ser muy específico:

Génesis 4:6-7 PDT 
6 El SEÑOR le preguntó: «¿Por qué estás enojado y te ves tan triste? 7 Si tú haces lo bueno, yo te aceptaré; pero si haces lo malo, entonces el pecado te estará esperando para atacarte; te quiere dominar, pero tú debes dominarlo».

Esa actitud de Caín reflejó lo que realmente había en su corazón; por eso seleccionó una ofrenda que no cumplió con las expectativas de Dios. Por esa razón, al ser rechazada, se enojó, se entristeció, el pecado lo dominó y cometió el asesinato de su hermano. ¿Podría Dios haber rechazado la ofrenda de Abel? Bueno, supongamos que Dios lo hubiera hecho: aun así, con su actitud, Abel habría respondido de forma distinta a Caín: humillación y arrepentimiento. Sin embargo, salvo que se tratara de una prueba, Dios es justo y no haría algo así.

Después de la caída del hombre, este es el primer acto de adoración que la Biblia ilustra. Para adorar a Dios, es importante la condición de nuestro corazón. La adoración es una ofrenda que, en concordancia con lo que habita en nuestros corazones, determina su calidad.  

Marcos 7:21-23 
21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.


Sin sacrificio no hay Adoración  

En Génesis 22 encontramos la historia en la que Dios le pide a Abraham que le ofrezca a Isaac en holocausto. Abraham obedeció sin titubear. Pero, ¿qué es un holocausto? Cuando escuchamos esta palabra, inmediatamente pensamos en la definición de exterminio de seres humanos. Aunque esa sea la definición principal y más común, aquí aplicaremos la que se ajusta al contexto del tema.

Según la RAE, holocausto es: acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor. Y los sinónimos de la palabra «abnegar» son: sacrificarse, renunciar y privarse.

Teniendo en cuenta todo esto, Dios le pidió a Abraham dar en holocausto, por amor, a su único hijo Isaac. ¿Para probarle a Dios que lo amaba? —No—, sino para que quedara de manifiesto y se confirmara que amaba más a Dios que a su propio hijo (Deuteronomio 6:5). Esto lo confirma el versículo 2 «a quien amas». Un dato muy importante: aunque Dios lo pidió, la ofrenda debía ser voluntaria. Porque de eso se trata el amor: no por obligación, no por imposición, sino voluntariamente.

Siglos después, bajo la Ley, este tipo de ofrenda llegaría a ser el acto principal de las ceremonias rituales. Sin sacrificio no hay derramamiento de sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Esto era una prefiguración del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario. ¿Hay alguna similitud con la ofrenda de Abel? Para presentar su ofrenda, Abel sacrificó de sus animales. Eso lo dejaremos para otro tema.

En cierta ocasión estaba predicando sobre este punto y Dios me dio una palabra que me confrontó profundamente. Dije entonces: «Muchos queman sus baales, pero pocos sacrifican a su Isaac».

La adoración es un acto de sacrificio voluntario, hecho por amor.

Romanos 12:1
1 Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo.


Adoración en Espíritu y en Verdad

En los dos puntos anteriores abarcamos hasta los tiempos de la Ley. A partir de aquí, nos situamos en la gracia. La gracia no es otra cosa que el cumplimiento del Antiguo Testamento. Tal y como señalamos anteriormente, la prefiguración de la obra de Jesús el Cristo ya estaba presente en ambos puntos. En la gracia, con el derramamiento del Espíritu Santo, la adoración ha alcanzado su máxima expresión. Esto no significa que lo anterior haya quedado sin efecto. De hecho, respaldamos lo expuesto con citas del Nuevo Testamento que confirman su importancia incluso bajo la gracia. Sin embargo, bajo la gracia contamos con un pilar más poderoso que sostiene la adoración.

Juan 4:23
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

La adoración ya no se limita a una acción ni a un lugar. El mismo Jesús lo confirma en el versículo 21: «Créeme que viene la hora cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre». Ya no hay un lugar sagrado, ni ciudad santa, ni ritos externos que definan la adoración. La gracia nos lleva a adorar en espíritu y en verdad. El Espíritu Santo que habita en nosotros produce una adoración que no es momentánea, sino que corresponde a todo un estilo de vida. Ahora bien, ¿qué significa adorar en espíritu y en verdad? Enfatizo: bajo la gracia, la adoración es un estilo de vida dirigido por el Espíritu.

Gálatas 5:22-24
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Esta es la mayor expresión de adoración al Padre. Cuando Jesús hablaba con la mujer samaritana, él confrontó su vida pecaminosa y le explicó lo que verdaderamente significa ser un adorador. Recordemos a Caín: él llevó su ofrenda, pero no lo hizo en espíritu. Lo hizo según la carne; por esa razón, su ofrenda procedía de un corazón egoísta, celoso y envidioso.

La adoración, en su máxima expresión bajo la gracia, es una vida consagrada y guiada por el Espíritu, quien nos conduce a Cristo para salvación.

Romanos 8:1 
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


Adorar es Servir

Es importante conocer el poder de la adoración. Por ejemplo, en los Diez Mandamientos, el primero tiene que ver con la idolatría, es decir, con servir a otros dioses. Porque lo que adoramos, amamos; y lo que amamos, ese es nuestro dios. Por supuesto que en este punto nos referimos a cuando amamos más a algo o a alguien que a nuestro Señor Jesús (Mateo 10:37-39).

En la tentación de Jesús, específicamente en la última, hay algo muy significativo:

Mateo 4:8-11 

8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

A aquello a lo que adoramos, le servimos. Y cuando hablamos de servir, hablamos de sometimiento y obediencia. Satanás le ofrecía a Jesús los reinos del mundo. He escuchado a predicadores decir en este pasaje: «Él no tiene nada que ofrecerle, porque nada es suyo». Y desde el punto de vista de la creación, es cierto. Pero desde la perspectiva del servicio —sometimiento y obediencia—, Satanás es el príncipe de los reinos de este mundo. El mismo Jesús lo confirmó: Juan 14:30 «Ya no hablaré mucho con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo; y él no tiene nada contra mí».

Por eso nos preguntamos: ¿A quién o a qué estamos adorando?


Conclusión

En una campaña evangelística que se realizaba cerca de mi casa, estaban poniendo música antes de comenzar. Mi hija vino y me dijo de inmediato: «Papá, esa canción es de inteligencia artificial». Y luego me explicó por qué sentía que algo no estaba bien en esas alabanzas. Es bueno aclarar: adorar no es simplemente cantar una canción; adoración es todo lo que hemos venido explicando en este estudio. Las alabanzas, los cánticos y demás expresiones son medios de adoración.

Pero volviendo al tema: ¿hay presencia del Espíritu Santo en canciones creadas por inteligencia artificial? ¿Contienen realmente lo que hemos descrito como adoración verdadera? —Desde luego que no—.

Iglesia, estamos traspasando un límite que traerá graves consecuencias espirituales.  ¿Acaso estamos ante el inicio de una iglesia donde todo será dirigido por la IA?   ¿Pasaremos de una Iglesia adoradora en Espíritu y en Verdad a una iglesia IA de emociones?

Tal vez parezca que estoy exagerando, pero el tiempo lo dirá.


Referencias:
Definicion de Hocausto  
Diccionario RAE 
https://dle.rae.es/holocausto

Biblia Gateway  
https://www.biblegateway.com/?language=es

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿DEBEN LOS CRISTIANOS APOYAR LA CREACION DE UN ESTADO PALESTINO? El Argumento de La Promesa

¿DEBEN LOS CRISTIANOS APOYAR LA CREACION DE UN ESTADO PALESTINO? (LA HERENCIA)

¿DEBEN LOS CRISTIANOS APOYAR LA CREACION DE UN ESTADO PALESTINO? (El Argumento de La Conquista)