¿Qué debemos hacer para ser salvos según Jesús?
En nuestra entrega anterior, explicamos las distintas posturas teológicas sobre la doctrina de la salvación (puedes consultar el enlace en el primer comentario). Bien es cierto —y en mi opinión— que, en este debate basado en la Biblia, no existe una interpretación única y absoluta aceptada por todos. Las diferentes denominaciones, al requerir una doctrina que oriente su credo y su fe, han adoptado cada una su propia postura.
Es evidente que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tergiversado la Palabra de Dios; por esa razón existen tantas denominaciones y corrientes, aunque en cada una de ellas hay elementos doctrinales con base bíblica. Por ejemplo, en lo que respecta a la postura católica, el bautismo es uno de los pilares fundamentales entre los sacramentos. Todo cristiano reconoce su importancia, pero el bautismo es, ante todo, un acto de conciencia —que implica arrepentimiento y aceptación de Jesús como Salvador— y un acto de obediencia, tal como lo indicó el propio Señor: “El que crea y sea bautizado, será salvo” (Marcos 16:16).
Es decir, un niño que aún no ha desarrollado su capacidad de razonar no tiene de qué arrepentirse, ya que no distingue entre lo bueno y lo malo; su conciencia moral todavía no se ha despertado ni desarrollado. Precisamente aquí es donde aparece la tergiversación de la Palabra de Dios.
Aunque no haya un acuerdo absoluto en todos los detalles, sí debemos ser guiados primeramente por el Espíritu Santo y, además, estudiar con detenimiento las Sagradas Escrituras de una manera integral para acercarnos lo más posible a la verdad bíblica.
Dejando a un lado las diferentes posturas teológicas sobre la doctrina de la salvación, para esta ocasión seremos cristocéntricos haciendo una síntesis para desarrollar el tema:
¿Qué debemos hacer para ser
salvos según Jesús?
1, Arrepentimiento
En la cita bíblica base de este tema, Juan 3:16, 18, Jesús nos invita a "creer", pero ¿a qué se refiere exactamente? Si analizamos el contexto de este pasaje, debemos retroceder a los versículos 14 y 15, donde hace una comparación con la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto, según el libro de Números capítulo 21, como una prefiguración de su obra en la cruz del Calvario. Es decir, que si verdaderamente crees en el Hijo de Dios:
Todo este conjunto de verdades es en lo que Jesús desea que creamos para ser salvos. Prestemos atención al énfasis que hace Jesús: «El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado». En resumen: si no se cree de la manera correcta, ya ha sido condenado.
Pablo, que tenía muy claro este concepto teológico y espiritual, escribió a los romanos:
Por decirlo de otra manera, en los tiempos en que Pablo hacía esta exhortación, "creer en Jesús" podía costar la vida. Por eso algunos creyentes en Roma querían adoptar un cristianismo oculto, sin mostrarse públicamente. Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, aclara esta falsa postura y reafirma la base de la verdadera creencia: confesar, es decir, declarar la fe públicamente, y creer con un cambio total de mentalidad y corazón en la obra del Hijo de Dios.
Esto es precisamente lo que viven nuestros hermanos cristianos en Nigeria. No importa lo que les suceda: ellos han confesado públicamente y han creído en la obra redentora del Hijo de Dios, y por eso están dispuestos a entregar su vida, porque están plenamente convencidos de que su morada eterna —esa gloria que ningún tesoro del mundo puede igualar— ya está ganada, gracias a su fe fiel. Desde este espacio oramos a Dios para que siga dando fuerzas a estos hermanos, para que perseveren hasta el fin. También pedimos misericordia por aquellos que, movidos por un extremismo diabólico, dan rienda suelta a su impiedad. Pero al mismo tiempo clamamos por la Justicia Divina, porque nuestro Padre es un Dios justo y no tendrá por inocente al culpable.
Hermanos nigerianos, sigan adelante. Llegará el día en que estaremos con nuestro Dios en la gloria, morando eternamente con El y todo dolor cesará, y estaremos llenos de gozo como un solo pueblo junto al Señor. ¡Aleluya!
3. Nueva Criatura
Nicodemo manifiesta lo siguiente: «Sabemos que vienes de parte de Dios». Esta afirmación es de gran importancia, pues fue lo que dio origen a la respuesta del Señor. Si reordenamos el diálogo en términos sencillos, obtenemos esta conclusión: Quien reconoce que Jesús procede de Dios, es hecho nueva criatura. Esta es la síntesis de todo el pasaje, la cual confirma el apóstol Juan:
En el interior de Nicodemo se libraba una lucha espiritual: Según la enseñanza del Maestro, ¿qué debo hacer para ver el reino de Dios? Y como Jesús conoce las intenciones de todo corazón, le respondió con claridad absoluta: para ver el reino de Dios no basta con el celo religioso, ni con las costumbres o tradiciones; es necesario convertirse en nueva criatura, en hijo de Dios.
Para cerrar este punto, observemos la estrecha relación entre Juan 3:3 y Juan 1:11-13: ambos pasajes exaltan la verdad del nuevo nacimiento espiritual. ¿Deseamos ser salvos? -Nazcamos de nuevo por el Espíritu-.
4, Ser como n Niño
En la entrega ¿se salvarán los fetos abortados y los niños muertos a corta edad? reflexioné sobre este tema y te invito a leer el artículo completo en nuestro blog.
Para esta ocasión,
contextualizaremos este punto con el tema en cuestión. Jesús dijo que para ser
salvo hay que ser como un niño: ¿qué significa realmente ser como un niño? El
apóstol Pedro nos responde en 1 Pedro 2:2-3: «Desead, como niños recién nacidos,
la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
si es que habéis gustado la benignidad del Señor».
El apóstol se refiere al
deseo sincero de alimento espiritual —pero ¿cómo debemos desearlo? Exactamente
como un recién nacido. Si nos arrepentimos, hemos creído y somos una nueva
criatura, somos como esos recién nacidos que anhelan la leche espiritual. Esa
debe ser nuestra prioridad como hijos de Dios.
Un niño no puede valerse
por sí mismo: necesita de su madre para ser alimentado, y ella es quien lo
cuida y lo nutre. De la misma manera, nosotros debemos desear que nuestro Padre
celestial nos alimente y nos guíe, hasta alcanzar la madurez espiritual y
heredar las riquezas de su Reino.
En síntesis, ser como un
niño es, desear el alimento espiritual y reconocer que, para nuestra salvación,
no depende de nosotros mismos. Somos
dependiente del Padre.
CONCLUSION
Como indicamos al inicio,
dejando a un lado las diferentes posturas sobre las doctrinas de la salvación:
¿queremos ser salvos? Simplemente seamos obedientes a estos cuatro puntos
señalados por Jesús; y cuando él venga a buscar su Iglesia, seremos arrebatados
para morar en la eternidad con nuestro Padre celestial. ¡Aleluya!
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